Supongamos que esta es una de esas noches un poco azules y que te la pasàs mirando por la ventana del colectivo y como no tenés ni música ni libros para ocuparte el bocho no te queda más que hacerte preguntas, pero no de esas preguntas que te vienen doliendo desde hace un par de meses porque serán dolores muy recientes, si no que preguntas -a veces más certezas- viejas.
Y pensás que si es todo cierto y de alguna forma todo lo que tiene que ser será, y lo que no, no será (gritá, saltá, corré, volá, morite, hundite), qué otra explicación le vas a encontrar?. Pasan años y tantas otras preguntas y aún otro o cuatro o diez quiebres de muñeca de trapo para que te preguntes, realmente, qué es lo que vale todo esto. Mirá, yo mucho no te puedo decir, salvo que mi vieja trató de cortarse las venas supuestamente bajo un "embrujo"; que mi tía dice que tiene viajes astrales espontáneos fuera de su cuerpo; y que mi otra tía decidió que la vez número 7 tenía que ser, y que escribió y mandó todas sus cartas y luego también se mandó la petaca entera con todas sus pastillas, jabón y fertilizante para plantas, y que se cortó las venas por todas las veces que la terminaron encontrando a tiempo... Hasta que bueno, el mismo fertilizante la terminó salvando, la hizo vomitar y dió para que la encontraran justo a tiempo y los médicos pudieran salvarle las manos antes de que se le gangrenaran las herida (gangrena es una linda palabra. o nombre. para mascota. "te presento a mi perra, gangrena". me gusta). Y que entonces, meses después, esta tía, este domingo, nos reciba a todas sonrisas tristes en su casa para almorzar como buena familia disfuncional. Sin importar la otra tía, del otro lado, ex madre de dos y actual madre de uno que nos llamó ese día a las 4 de la mañana completamente fuera de sí -dios mío, cómo te acordás un teléfono en un momento así- y que tu primo se murió, así de una, yendo a bailar, el día de su cumpleaños, que se desmayó y llamaron a la ambulancia pero no llegó al hospital. Quince. Años. Y todos habíamos estado allá, a la tarde con tirándole de las orejas y que los cumplas feliz. Y horas después tirábamos de nuestras propias orejas en la entrada del Fernández. Tiempo después, otro domingo, con el lado malicioso de la familia de mi viejo diciendo que como todos "ellos" (yo, también, papá?) "los de ese lado" (nunca dejamos de ni de un lado ni del otro) tenemos problemas con el cuerpo y que con la dieta y que ese chico iba al gimnasio entonces era obvio que lo que le pasó le pasó por tomar anabólicos (personas que comen enfrente de una resucitada por fertilizantes hablan con impunidad sobre los anabólicos y la efedrina) pero y que, sabés qué? cagate, porque yo sé, porque el médico forense tuvo que mirarnos a los ojos y nos lo tuvo que decir en la jeta, con el peso de todos sus añotes de ciencia corroída, sábanas descubiertas y descubrimientos de rostros, preguntas sin reacciones redox y una cierta impunidad que dá el que la ciencia no siempre tenga todas las respuestas... que no. Que no había nada.
Que sólo se tenía que ir.
Entonces lo único que realmente entendés, es que cuando te vas, te vas.
Después me acuerdo de que ya estamos en agosto, y que agosto siempre me trae este tipo de noches y este tipo de problemas antes de irme a dormir. Y que cuánto quilombo que traen las tías, la puta madre.