lunes, 22 de junio de 2009

De Pulgosa: "Piojo"

Cuando la volví a ver me sentí vieja. Pero posta. Esa vejez que te pesa cuando te acordás que de pronto te gusta la espinaca cruda y está todo mal, porque a qué pendejo o pendeja de mierda le gusta comer espinaca? 

En fin. Decía que cuando la volví a ver me sentí vieja, vieja, vieja. Porque yo a ella la conocí cuando era *así* de chiquita y al principio yo la odiaba porque hacía cosas horripilantemente horribles como horripilantizarse ante un pelo en la bañera. Y me acuerdo de una época en la que ella me imitaba todo el tiempo, ponele, yo estornudaba y atchís, ella, al toque. 

Fue volver a ver a la piojo, y fueron todos los años que semi vivimos juntas, todo lo que nos peleamos y torturamos (yo era la voz que salía de su placard a la noche, la que la convencía de que las piernas de jamón están hechas de tías que murieron solas y solteras en un bingo, y la que la acusó al mejor estilo in the name of the father de cosas que no había hecho). Pero también, y muy especialmente, fue la imagen de la primera persona que sentí el impulso, la necesidad, el instinto de proteger. (independientemente del haber querido proteger a mis padres y el diosquenoexiste sabe que esa pelea nunca la gané) 

Y de quedarme a dormir en su cuarto a la noche si tenía miedo, convencerla de que todo va a estar bien y querer sacarle una sonrisa cuando *ellos* nos dejaron afuera de la habitación, en un hotel, en una isla, a la tardenoche, mientras se clavaban alfileres en los ojos y nosotras sólo podíamos esperar y mirar a lagartijas escurrirse en la arena.

Después, graciasadiosquenoexiste, *ellos* se separaron, y por lo tanto, ella y yo también. Nos cruzamos mensajes de texto un par de veces, pero llegó un momento en que todo entre *ellos* siguió tan mal que directamente no podía hablarle. Si me enteraba cosas de su vida era a través de terceros, esas personas que te cruzás en jurabildo sólo porque las esquinas como jurabildo están hechas para que se crucen personas añejas y se cuenten chismes de personas que hace mucho no se ven.

Me sale tan bien hacer lo que no quiero.

El día del velorio de su abuelo, todo lo que era la piojo se se empezó a venirme encima. Estaba enorme, pioja mutante, con pelo largo y flequillo. Extrañamente elocuente, a pesar de tener la cara llorada. 

Quedamos en que nos volvíamos a ver esa semana, para ayudarla con una monografía de literatura que le quedó previa. 

El día que la piojo vino a mi casa toda ella se me terminó de venir encima. No vino sólo una piojo que me dejó completamente enamorada de que sea *ella*, *ella* y sólo *ella* y no un clon de novelita de cris morena que escucha miranda. Si no una pendeja hermosa, que se tatuó "love is all you need" en la cadera, que escucha a velvet y va a actividades en contra del zoo de buenos aires. 

El día que la piojo se me vino encima, cayó con toda la historia de la primera persona que quise proteger. Con su ser entero, que me muero por ver para qué lado va a volar (y el haber revivido la necesidad de eliminar a cualquier cazador furtivo que dispare en la tarde). Y con una noche haciendo algo que pensé ya *no podía, no quería, se me marchitaba, era imposible que fuera a* volver a disfrutar. (Comimos arrolladitos primavera *vegetalianos*, arroz blanco, Olga Orozco y Octavio Paz).

El día que la piojo vino a mi casa, se me vinieron los años encima. Pasé casi 8 horas, con mi *hermana*, hablando de poesía.