lunes, 22 de junio de 2009

De Pulgosa: "Y si mi madre es alcohólica yo me iba a enamorar de un adicto"

Soy buena para cumplir órdenes.

Las mujeres del lado materno de mi familia son mujeres de hierro. Llevan a sus hijos drogadictos, embarazadas, hijos muertos, maridos ausentes (casadas y divorciadas) sobre la espalda. Llevan la resignación (I'm a tumor, I'm a tumor, I'm a tumor, I'm a tumor) en la sangre, cierran los ojos, asma y arritmias, ven volar las hojas. Soportan el aliento a alcohol, la cachetada, la trampa, el grito, el abandono, la recolección, la figurita repetida, la ausencia en la presencia. Crian hijos, los retan, los dejan demasiado libres, se preguntan si su vientre fue sólo una vía para salir a entregar el corazón al otro, no a ellas. Cocinan guiso, limpian las casas, son enfermeras, tienen escuelas. Entregan todo. Te miran con los ojos de una persona que se pregunta porqué, para qué. Sólo descansan cuando duermen, pero algunas vuelan en sueños. Una de ellas no está en esta realidad. La otra se fue con su hijo. Otra es la resistencia. Mi mamá es todas ellas.

Las mujeres del lado materno de mi familia viven solas, trabajan solas, edifican solas, caminan solas. Tantas generaciones de lo mismo. Son charrúas. Mesa, bizcocho con manteca, mate cocido. Gatos. País del orto. Manos gastadas. Soledades que en parte se enseñan, otras se heredan. Las hijas cargamos con la pena por adelantado, y la seguridad de que en algún momento seremos parte de.